La aventura de ser docente
Después de haber leído La aventura de ser maestro, recordé algunos otros aspectos del ser docente: yo también fui un manojo de nervios la primera vez que me enfrenté a un grupo de bachillerato, realmente fue un gran reto, comparto los sentimientos y emociones del maestro José Manuel Esteve.
Otra situación en la que me sentí retratada, es en el caso de que cada día , cada semestre, es necesario preguntarse qué sentido tiene para mí, para los estudiantes, el tema o los temas que se van a revisar en el día, la semana, el semestre.
También coincido cuando el maestro Esteve se refiere a que en ocasiones los docentes han trabajado por 10, 15 o más o menos años con el mismo material. En lo personal me gusta trabajar con material oportuno, sobre todo cuando se revisa texto periodístico, no puedes trabajar con notas o documentos que ya han dejado de ser noticia.
Respecto al término maestro de humanidad, es muy cierto lo que comenta el autor del documento, ya que debemos ser profesores para la vida, y lo que en ocasiones queremos hacer son ingenieritos, miniperiodistas, biologuitos, matemáticos pequeños, etc.
Creo, al igual que Esteve, que la mayoría de los maestros reprobones o malos maestros, son casos típicos de problemas de identidad profesional, ya que no se aceptan como docentes y ellos mismos desdeñan y descalifican la gran labor de ser actores principales del proceso de enseñanza – aprendizaje.
Algo muy importante es el proceso de comunicativo y de interacción. Si bien no nos enseñaron a ser maestros, si podemos subsanar esta pequeña gran pieza que se llama comunicación. Para empezar hay que entender que el hecho de tratar con jóvenes de bachillerato no nos va a hacer ser menos, al contrario; si el profesor se dirige ante el grupo con un vocabulario sencillo, al nivel del grado de conocimientos que manejan los alumnos, aflorará la confianza, se atreverán a preguntar y podrá darse el proceso de la comunicación.
En esta aventura de ser maestro, hay que atreverse a actuar, es maravilloso trabajar con jóvenes, porque el profesor brinda ayuda y algo de lo que sabe, pero a cambio recibe una gran dosis de juventud, ya que el constante trato con los estudiantes te inyecta juventud, te mantiene actualizado en tema musicales, por ejemplo, o bien, en las temáticas que hoy en día interesan a los jóvenes.
Claro, para llegar a penar así, como menciona el autor, tuve que pasar por algunas situaciones en las que pensaba que me iba a ganar el nerviosismo, probé el ensayo y error. Sin embargo afronté estas y otras situaciones con una actitud positiva, al sentirme útil para los demás, con la idea de que clase fuera diferente, entretenida, interesante, lúdica, en pocas palabras: una aventura.
Atentamente
Olimpia Escalona Soto.
jueves, 11 de diciembre de 2008
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